Cuando era adolescente tenía la costumbre de escribir todos los días, costumbre que perdí con el tiempo ya que además cuando volvía a leer lo que escribía lo quemaba. No me gustaba ver lo que había dentro de mí en esos tiempos. Las pocas personas que llegaron a leer lo que escribía llegaron a definir mi escritura entre una mezcla entre Rimbaud y Dante. Un amigo me pidió que le regalara algo que escribiera antes de que lo quemara. Eso lo había olvidado. Hace un año, este amigo emprendió la aventura de tratar de migrar a Europa y en su despedida el me entrego una hoja de papel que simboliza para mi 17 años de amistad. Una hoja de papel que tenía un escrito de mi puño y letra que yo le había regalado hacía 10 años. Ni como explicar lo que sentí al darme cuenta de como había atesorado mi amigo algo que yo le había dado hacía tanto tiempo y que había olvidado.

Pero a pesar de no gustarme (todavía no me gusta) lo que escribo (irónico, si se toma en cuenta que tengo un blog), no he quemado o roto esa hoja, aún la conservo y atesoro a pesar de que lo que contiene solo representa una época triste, oscura y remota de mi vida. Y he aquí lo que escribí hace poco más de 10 años y que ahora solo me hace recordar y reír un poco.

Siento

Siento que muero, siento tanto miedo Todas las cosas que no hice por temor.

Siento no haberte dicho que te quiero, que te amo cuando pude hacerlo.

Y ahora, ahora que ya no puedo, que muero solo, como me arrepiento.

Siento no haber hecho amigos cuando pude hacerlo. Y ahora, ya no puedo y lo siento.

Siento no haber hecho tantas cosas por miedo y por pereza.

Haber pensado que la vida era tediosa, cuando yo solo me la hice tediosa, triste y aburrida. Como lo siento.

Siento miedo, odio, amor, ternura y horror, pero nunca los exprese y ahora que ya no puedo hacerlo porque estoy muerto, muerto en vida ya no puedo hacer nada.

Siento amor y tristeza, odio y ternura, pero todo esto, lo siento por mi.

Guadalajara, Jalisco. 6 de Septiembre de 1996.